Jardín de Yegen, jardín de montaña, paisaje de la emoción.
El próximo 12 deMarzo se inaugura en el Espacio de Arte del Hotel Ladrón de Agua la serie de pinturas que nacen en mi jardín alpujarreño de Yegen, “jardín de montaña”.
Cinco de estas pinturas se incluyeron en el homenaje, en 2007, a la poeta granadina Elena Martín Vivaldi, corolas y cinco paisajes amarillos. Mi jardín salvaje, con ese primitivismo muy bien conservado, se abre al sur del sur y en verano a la salida del sol, miles de estorninos lo cruzan en septiembre antes del cambio de estación, es como si estos pájaros tuvieran grabado un mapa de vuelo que repiten año tras año e incluye el espacio aéreo de mi jardín, me encanta verlos y oír el ruido de miles de alas que se agitan al unísono, sólo quedan los gorriones como dueños absolutos de los árboles del huerto, las golondrinas ya se han ido antes de la última semana de Agosto. Las últimas abejas se divierten con las jedreas y hiedras que están en plena floración. No se ven mirlos. Hemos trasplantado las calas y arrancado todos los bulbos para que pasen el invierno, todavía hay rosas y la camelia japónica sigue floreciendo. Las hortensias, dalias y agapantos descansan tras la poda de todas sus flores. El seto de iris comienza a decaer, comienzan las hojas a doblarse hasta tocar tierra y es el aviso para comenzar a cavar y dejar sólo los brotes fuertes. A las margaritas gigantes le queda una semana antes de podarlas; la higuera nos ha regalado decenas de sabrosísimos higos y el cerezo plantado por el abuelo comienza a vestirse de amarillo muy poco a poco, como de rojo empieza a vestirse la parra de la tapia. Los claveles chinos durarán hasta noviembre. Comienzan a verse, a flor de tierra, los brotes tiernos de las maravillas. Este verano no hemos tenido problemas con el agua y la acequia se ha mantenido cantarina durante todo Agosto.
Acabo de describir el paisaje de mi jardín para esta exposición, ni lo copio ni hago representación de él, sino que lo he mirado intensamente, lo he disfrutado, vivido, me he dejado colorear por él y, ahora, lo presento transformado. No presento un jardín sino lo que me permite estar en él. Me he servido del gesto, dibujo, libre estructura y color y siempre esa línea de horizonte, que cruza todas las pinturas, y que esconde el mar de Poniente. Menciono este mar porque ahí comenzó el 10-4-96 mi serie del Mar de Lezama, hasta el día de hoy. La primera vez que estuve ante el Mar de La Habana fue el 15-7-51, en el Club Deportivo, es una fecha tan misteriosa que siempre que la recuerdo algo se conmueve dentro, no sé por qué. La exactitud de la fecha se la debo a mi madre que escribió el dato en una fotografía que conservo, aunque yo recuerdo perfectamente toda aquella mañana y, a pesar de los muchísimos años transcurridos, vuelvo a sentir el calor del malecón de piedra bajo los pies, el olor del mar y recordar aquel caballito de goma con bandas de colores que llevaba bajo el brazo, hacía tanto calor que casi se derretía bajo el sol. Aprovecho esta ocasión para invitaros a este instante de la mirada, al paisaje de la emoción, en mi jardín de Yegen.
El instante de la mirada, el paisaje de la emoción envuelto en mil líneas y contornos.
Hoy quiero contarte lo que pienso sobre el dibujo, que tanto me gusta. Georgia O´Keeffe escribió. “still, in a way, nobody sees a flower, really, it is so small, we haven´t time, like to have a friend takes time”, este sería el primer consejo para un buen dibujo: la Mirada detenida. Recordar que hace dos mil años surge en Mesopotamia la horticultura estética no utilitaria, nuestro jardín árabe será mitad jardín, mitad huerto. Ya no utilizamos el paisaje como fondo decorativo de una producción con figuras sino que hacemos de la vastedad o pequeñez del espacio natural el verdadero objeto artístico.
Espero que te hayas entretenido en buscar información sobre los isomorfismos de los que te hablaba hace un par de días. Me comprenderás mejor. Busca, cuando tengas tiempo el poema de Mallarmé “les fleurs”1886.Te dará pistas. Monet también lo había dicho:”sólo quiero reproducir lo que hay entre el motivo y yo, no el motivo”, “le dessin est ici un élément privilégié dans l´appréhension de la création comme expression d´une pensé visuelle qui s´eloigne du langage pour aller vers le domaine de la forme”
Para un buen dibujo, la mano muy libre para que el cerebro dirija,forma: icono y símbolo, a la vez,contorno nítido inscrito en el espacio del objeto, circunscrito por la emoción que corregirá la forma y deformar sin miedo hasta que el cuerpo físico del objeto aparezca en la sacralidad de la nueva forma. Lenguaje sígnico y caligrafía abstracta, este es el desafío. Debemos permanecer independientes ante las reglas tradicionales, académicasde la composición con objeto de poder expresar directamente los impulsos, hallaremos signos y ritmos espontáneos de manchas dentro del color sobre las líneas. Sin censura previa del intelecto, el impacto visual manda, por eso el arte, el dibujo nace del modo de percibir. La descomposición asimétrica podría intensificar el motivo y alejarnos de cualquier artificiosidad por ejemplo, una armonía vacía.
Conviene simplificar los contornos, la economía de los contornos los hace más elocuentes; cuidado con la mímesis, corregirla siempre como un peligro que acecha. Todo dibujo es consecuencia de lo visto, nunca su reflejo. Al abrirse los contornos se pueden entrecruzar los motivos y no hay que temer al tiempo que nos exija la mirada (también alque mira luego el dibujo). Me gusta mantener los dintornos limpios de sombreados para sea la aguada coloreada la que cubra el espacio. Que la línea domine la superficie que es la condensación del tiempo, esa especie de terremoto interior se queda en la superficie del papel otela: sismógrafo.
Matisse, algunas veces es reiterativo en el dibujo y pasa una y otra vez, me gusta más cuando dibuja de un trazo, sin levantar el lápiz desde el principio hasta el final. En 1907 pensó que “uno siempre debe descubrir el deseo de la línea, por dónde quiere entrar y por dónde desaparecer”.
El trazo recorta, distingue, separa y subraya. Ingres y Hogarth insistían en recordar que trazar un contorno desmaterializa, espiritualiza y origina un desarrollo escalonado de esa idea de planta. Si acompañan el trabajo pictórico debemos dejar bien claro que no son dibujos preparatorios sino parte integral.
Transcribo dos citas muy bellas:
“Yo me empeño en el problema de proyectar formas pictóricas difícilmente accesiblesy fugaces que para mi cobran valor como sensaciones”, Gottlieb.
El dibujo es “un prodigio ortográfico, inicial de un poema que abarca el espacio, es una línea que se mueve, combinación de todos los gestos que prodigiosamente encuentran su sitio. Es la síntesis combinada de muchas experiencias, es el material de arte que se expresa más allá de todas las reglas- Quedaría como una visión a vuelo de pájaro, con los ojos cerrados y los dedos abiertos al sentido. Es el perfil de una ruina que queda en el recuerdo y se constituye como trazo de un evento inolvidable”, Pistoletto/Paolini.
Veamos ahora el lugar del color en el dibujo.
El gesto del pincel literalmente se precipita sobre el espacio del papel o la tela.
El color construye y vela las formas capa sobre capa, recuerdo ahora la técnica de los veils de Morris Louis. El flujo rítmico sintetiza las líneas oscilantes de los dibujos y los contornos aunque algunos los dibujo después flotando en el campo de color. El color compone y toda la naturaleza se expresa en el color, toda la gestualidad de Joan Mitchell expresa la naturaleza aunque ella no lo pretenda, nos deja la puerta abierta a todas las interpretaciones. Sus telas de colores fragmentados, masas de pinceladas, formas nadando dentro de la más densa espesura cromática, enfrentando la luz sobre el blanco como si fuera una joya brillante, nos dejan una forma de conocimiento, nos enseñan a conocer.El color y sólo el color aglutina el espacio pictórico y las impresiones sensoriales del jardín se perciben simultáneamente por el color El color “borra” el tema y aparece la magia, la gracia, la música, equilibrio y diálogo: el ritmo confrontado de los colores así el acto pictórico no reproduce sensaciones sino que las produce en el sujeto receptor. Te dejo la cita de Tápies publicada en ElPaís, 13-8-83,”uno de los grandes descubrimientos del arte de este siglo es la conciencia del elemento musical del cuadro”.
Todo lo que te he escrito no nace de la nada, son tantos años y tantas personas que pasan por tu vida y te enriquecen con su pensamiento porque no te atiborran de conocimientos sino que te enseñan a comprender.
Aparte de la universidad cuyo mejor legado es que te enseñan a investigar, están las lecturas, todos los cambios importantes de mi vida están muy cerca de algún libro concreto. De la crisis plástica del año 91 me saca un libro, que yo no busqué, me lo regalaron, “principios de la estética taoísta” de Luis Racionero, fue como una llave que me abrió la puerta exacta. Sincronicidad, diría alguien que conozco. La música y los poetas, ¿qué sería de mi persona sin ellos? Oscuridad total.
Y de la pintura, ¿qué?, si te digo que los dibujos rupestres son la mejor escuela, debes creerme y te aseguro que no exagero, el período Magdaleniense y ¡el arte naciendo!, se aprende a dibujar mirando y devorando, si, los trazos. Muchísimo después Giotto, Renacimiento, los tenebristas, todos van dejando huella, y esto pasa a todos los pintores, bebemos de un pasado maravilloso e iniciamos nuestro camino. Goya, Manet y Monet, sobre todos, antes y después. Las últimas pinturas de flores de Manet, Redon, Fantin Latour, Van Gogh, Soutine, Nolde, las primeras flores de Mondrian; el uso de la acuarela en Cezanne, la enseñanza del paisaje que nos dejan Sisley y Pissarro, el esplendor de Sorolla, Matisse,Bonnard, los años 55 y siguientes dela obra de Picasso cuando se instala en Cannes en la villa La Californie; los años 60 de Miró;Frida Kahlo y su esencia del color.La pintura de los místicos como Manessier,Chagall,Jawlensky y la alegría solar de los expresionistas, su sentido del paisaje. Klee, no mucho, pero sí su idea del jardín. Las construcciones espaciales de BranVanVelde.Toda la reflexión sobre los “campos de color”,”soporte y superficie”, en EE.UU. y Francia, Rothko, Newman, Soulages con Joan Mitchell y Sam Francis, Paul Jenkins, también. Un granadino insigne: José Guerrero. El injustamente silenciado James Bishop, “norteamericano en Paris”, unió como nadie, trazo y campo de color. La pincelada gestual de Baselitz y los maravillosos paisajes exteriores e interiores de Hodgkin. Los bellísimos dibujos de Miguel Rodríguez Acosta y su concepción del espacio cromático, tan envolvente y, sobre todo, sus visiones de la Alhambra.
La música de Falla y sobre todo, Olivier Messiaen, mi gran músico, a quién tanto debo.Todos los impresionistas y los que me honran con su amistad como Alfredo Aracil y Luis de Pablo, el pianista Juan Gallego Coín y la joven compositora granadina Sara García.
Toda la música contemporánea culta me ha acompañado y la escucho con mucha atención, nunca mientras pinto, por respeto a ella.Para pintar, la música del jardín: el movimiento de las hojas, el canto de los pájaros, el sonido del viento o las burbujas de la acequia que tengo junto al estudio; el silencio exterior y la música interior, esa que yo no sé escribir pero la “escucho” dentro.Sé que existe dentro de mi ser y sale en los cuadros. A mis amigos músicos siempre les hago la misma pregunta cuando van a la mis exposiciones: ¿se oye música en los cuadros?, la respuesta que me dan es como si aprobara o no un examen.
Muchísimas veces le he dicho a Antonio Carvajal, gloria nacional viva, ¿qué sería de Pedro sin los poetas amigos?, y luego, Juan Ramón, Federico, Cernuda, Brines, Elena Martín Vivaldi; los místicos del XVI, sobre todo, San Juan de la Cruz, también Ibn Arabi que tanto sabía del jardín de Dios; mis tres poetas cubanos imprescindibles: José Lezama Lima y Dulce María Loynaz, Gastón Baquero, tan entrañable y muerto casi en la miseria en Madrid.
Baudelaire, Proust, Verlaine, Valery; la prosa de Lobo Antunes de la que tanto he aprendido; Alejandra Pizarnik y George Trakl; Wislawa Szymborska, Marguerite Yourcenar . Tres nombres de filósofos que me han enseñado a vivir: Bergson, luego María Zambrano y Aranguren; Susan Sontag y Julia Kristeva. La poesía de José Angel Valente completa el cuadro.
Te hablaba de la crisis del año 91 y de cómo el descubrimiento de la estética taoísta me abrió camino. En aquel año mi forma de dibujar y pintar cambia radicalmente. Comienzo a conocer el mundo de la literatura y pintura oriental .Las técnicas de la caligrafía. El budismo en China y Japón.Los poetas chinos y japoneses entre los siglos XVII y XIX, las grandes epopeyas de Murasaki Shikibu y Heike Monogatari; la novela: Mishima principalmente y ahora Kawabata con Ihara, Soseki y Akinari. La novela de Kawabata, “la casa de las bellas durmientes”, la recomiendo a todos, es una de las más hermosas de este autor. Comienzo a editar mis haikus en 1998, en los Pliegos del Azul, acompañados de una pequeña acuarela y que envío a mis amigos para comenzar el año nuevo. Son un conjunto de doce haikus, por cada mes del año, con sus kigos que los identifican y que el lector ordena según su gusto. Con esta visión de los últimos treinta y un años, te hace una idea de los caminos por donde ha ido mi trabajo.
29 de Enero, 14 horas de una mañana gris en Granada, Pedro Garciarias.
jueves, 29 de enero de 2009
Al modo de las EPIFANÍAS de Joyce
Sabes que existen momentos que se ven venir, otras veces es la sincronicidad de los elementos los que construyen la realidad y te sorprendes de la exactitud del encuentro. Al reconocer el desierto el nómada ansía dar cuerpo real al espejismo que descubre a lo lejos, lo mismo ocurre en la contemplación del jardín, allí se prefigura el deseo de un jardín perdido y seguramente recuperable, esto era la Arcadia, un jardín recuperable.Lo descubrirás como un universo en expansión a pesar de los muros que lo rodean. Son espacios abiertos y no necesitan ser medidos, en 1348, año de la epidemia en la que Petrarca perdió a tantos amigos, Boccaccio se retira a una parcela de tierra, casi una pradera, cuya hierba “esta incrustada de un millar de flores diferentes” para contar sus relatos a sus amigos, los está esperando y su huerto rebosa de rosas blancas, mientras “la peste supura al otro lado de la tapia del jardín”. Esta escena , quizá sea la que está conmemorada en una de las primeras pinturas de un grupo en un jardín, el fresco del Campo Santo, conocido en el XIX como obra de Orcagna pero que, de hecho, es de un seguidor, como señala Kenneth Clark, desconocido del grupo de los Lorenzetti, un pisano. Un grupo de jóvenes hacen una fiesta, sentados bajo los árboles ,con una alfombra de flores a sus pies, hay instrumentos musicales y están haciendo música y se miran. Petrarca fue el jardinero por excelencia, en el sentido moderno, todo un símbolo. Se marchó a la soledad de Vaucluse no, como lo hubiera hecho un cartujo, para aquello de la Noche activa del Sentido, sino para disfrutar de la tierra y su paisaje. Escribe a un amigo: “…quisiera que supieras, con qué alegría vagabundeo, libre y solo por entre los montes, bosques y riachuelos…”Fue el primer hombre que escaló una montaña por el mero placer de hacerlo, disfrutar del panorama y descubrir aquello que encierra todos los nombres. Ya sabemos como termina la excursión y su importancia en la historia. Quiero que retengas otra fecha, alrededor de 1400, aparece el Hortus Conclusus, el tema del jardín cerrado, la Madonna se sienta en el suelo y su Hijo juega con los pájaros. Jardín pequeño, sólo un símbolo de recinto. Nosotros tenemos a Pedro Soto de Rojas con su “paraíso cerrado para muchos, jardines abiertos para pocos” y yo tengo a mi jardín de montaña, en la Alpujarra de la Sierra, donde cultivo un jardín, nunca cerrado, me encanta abrirlo para los que nos visitan, donde, cómo diría Soto de Rojas, “ a toda flor le pareció delirio” la armonía de plantas que conviven de un modo tan salvaje y desorganizado a pesar de los incesantes cuidados. Sincronía, sorpresas, floraciones inesperadas como la del verano pasado: los lirios blancos que aparecieron de la noche a la mañana en plena canícula de Agosto. Son epifanías, como te decía, en el sentido de Joyce que la entiende como la revelación del misterio, de algo trascendente a partir de un hecho cotidiano y recuerda al artista la responsabilidad que tiene de captar, de estar alerta y registrarlas, con sumo cuidado, pues a través de estas epifanías se llega a lo que él llamaba el “eón incorruptible del espíritu”.
La epifanía en mi jardín aparece y me lleva a descubrir, primero, lo real manifiesto y luego a definirlo a través del discurso plástico: “la gran epifanía de una estructura cósmica, paradisíaca, resuelta como pintura”, ya sabes ,porque lo has visto, que el trazo libre traduce la forma y luego se va velando bajo muchas capas de color líquido, el color lleva a la plenitud. Recuerdo aquello de Aristóteles y que ahora aplico a mi manera de trabajar: “mezcla de sensación y memoria y a veces la mente ve lo que todavía el ojo no ha visto”. Por otra parte reconozco que traslado a la forma concreta, la que tengo ante los ojos, lo que es inmaterial e intrínseco a ella. Dibujo el contorno y dejo libre, vacío, o lleno, según se mire, el dintorno. El dibujo desvela el trazo de unión entre dos mundos, la estructura visible y el espíritu de la planta. Llegados a este punto se convierte en un elemento privilegiado de la creación, se aprehende, se incorpora y se vierte sobre el papel como un pensamiento visual en el que la emoción corrige la forma y la transforma. No representa la naturaleza sino lo que me hace vivir junto a ella. Y, además, se transmite la atmósfera que rodea al objeto.
No es reconocer la medida del estanque, su profundidad y sombras sino descubrir la increíble posibilidad de habitarlo, este jardín con su acequia y sus setos, la alberca necesita de la mano del pintor, del dibujante porque desea aparecer, epifanía y pasar a existir dentro del que la mira, por eso no es “decorativa” ni remite a un orden fácil o conocido, se trata de dibujar desde donde no se sabe hacia un modo distinto de ver el mundo.
Todos los pintores que conozco dan a luz un universo nuevo, cada vez que visitamos la Alhambra, las pinturas de Miguel Rodríguez Acosta nos han dejado una impronta que nos hace verla transfigurada, al igual ya nadie ve los almendros igual que antes que Van Gogh los pintara. Me viene ahora a la memoria el último cuadro que Bonnard pintó en su vida “un almendro en flor”, unos meses antes de yo naciera.
Finalmente, quiero darte una clave, nacida en el mundo de la lingüística y que se la debo a María Izquierdo Rojo, ella me la enseñó, aquel año en su clase fue el más importante en ese ir poniendo las bases de un discurso plástico, ella nunca lo supo y la plástica no era su objetivo , tampoco yo se lo podía decir porque no venía a cuento. Aquel Pedro no era sólo un alumno, ya estaba pintando y faltaban un par de años para la primera exposición. Recuerda : Isomorfismo, aquí está la clave para ver, interpretar y conocer mi forma de dibujar y pintar.
Hasta otro rato.
Enero 28 -2009, Pedro Garciarias,8.30 del invierno de Granada
¿Cuál es tu espacio germinativo?“peindre non la chose,mais l´effet qu´elle produit”, MALLARMÉ
Voy a hablarte de mi imaginario, el lugar de mis referencias, al fin y al cabo, dibujar el jardín, pintarlo requiere mucho trabajo, paciencia, silencio, confianza, sonido interior, si tuviera que aconsejar una estrategia para trabajarlo, empezaría por palpar la tierra, luego cogería el lápiz y muy libremente, lo más hermosamente que pudiera, enloquecidamente, como con fiebre, como escribió Van Gogh en Septiembre 1889: “ I´m working like one actually possesed more tan ever, I must have work furiously, I´m in a sudden fit of enthusiasm”, haría recorrer al lápiz toda la superficie y después dejaría que el vacío apareciera con su singular perfección, dejaría que las sombras ocupasen el lugar que nadie espera, lejos de la prisión de lo sabido y que el color, al final, se derramase con aquella técnica de los pintores chinos del S.XVIII, “p´omo-i-pin” que gustaba tanto a José Guerrero que un día derramando una copa de vino sobre un mantel de papel dijo: “pintar es esto…” y la vertió como si fuera una acuarela. Esta duración del color en la retina es delicada, precaria y puede evaporarse. Suele llamar a otros sonidos, timbres cromáticos aliados, como aquella danza profana, de Debussy, para cuerdas.Con ella la pincelada borrará los perfiles del dibujo y los gestos trazados, ahora coloreados, bajo la aguada, como un palimpsesto. Se elaboraría así un ritual que lleve al espectador a integrarse en el ojo iluminado de la naturaleza, hablaríamos con la mano y luego, tú, escucharías con los ojos lo que mi mano dejó sobre el papel de algodón, sería , usando una imagen muy viva, como recibir un beso del jardín y en su saliva encontrar la iluminación, el satori.
La aproximación a la naturaleza en pintura es una cuestión de voluntad, de dentro hacia afuera, no es causalidad-efecto ni simple instinto. La imagen de mi jardín se construye a base de memoria y color, jardín es la forma de la mente, llevas el paisaje contigo y se orquesta en una triple estructura: intención, energía, emoción o con esta otra triple orquestación que me enseñaba Elsa Galle-Dehennin: sustantividad, soledad, independencia. Las sensaciones del paisaje destiladas por la emoción se convierten en algo así como una visión de exploración, en luz contrastada. Que hay una respuesta personal al paisaje, por supuesto, pero no copiamos: ante la visión del sol que se filtra a través de los pámpanos, esta objetividad destila del sentimiento visual de la naturaleza, la esencia de la caída de una hoja seca por el calor del sol hasta la verde transparencia de las hojas nuevas. Los elementos orgánicos configuran tu trabajo, el cerebro que lleva tu mano, los hace surgir y descender en la misma medida que esos ritmos naturales que estás observando sobre tu cabeza. No persigo la descripción directa aunque tenga en cuenta atmósfera y espacio. Ves la aparición del mundo material y te empapa. No espero que se vean árboles, fuentes o flores, ni la acequia, no intento hacer un objetoni reproducirlo. Pero sí que de alguna manera se les sienta, decía antes que es una experiencia de dentro hacia afuera, como se padece el éxtasis, su naturaleza es siempre interior: es la mente del ojo que mira y te arrastra. Tampoco sería tan etérea que oculte la respiración y fuerza vital, el gesto, como les ocurría a los calígrafos de la época Tang, deben hacer sentir su fuerza, músculo, hueso y tendones junto con la fluidez que mana del espíritu interior. Tiziano calificaba sus obras como “poesías”; todos los pintores debemos tener en cuenta , no el mercado del arte, sino la gran historia y debemos ser capaces de aprovechar las energías latentes de todos los períodos de la pintura en el tiempo que anteceden al momento concreto en que pintas y liberarlas de cualquier posible peso histórico o servidumbre, así, línea, color, composición y gesto expresan tu energía personal, tu propio qi.
Te estoy hablando como pintor, desde la visión interpretada de mi imaginario y así la pincelada trasciende el absurdo conflicto entre dibujo y color, entre icono y campo de color. Llevo ya treinta y dos años pintando exclusivamente eljardín, siempre el jardín granadino, el jardín de montaña en Yegen, a pesar de que en algún momento haya pintado los de Aranjuez o los de la Villa de Tibur. Y como en una inmensa vidriera la geometría del color se desborda y el jardín es un caleidoscopio de colores, rosas, grises tocados de verdes, amarillos ocres y ese resplandor nacarado que hacía escribir a nuestro Federico, en una carta a Melchor Fernández Almagro, en el otoño de 1921: “hoy me doy cuenta en medio de este crepúsculo gris y nácar de que vivo en una Atlántida maravillosa”.
El jardín siempre nos colorea, miramos, pero sólo el ojo del corazón percibe la saturación del color y esta es la razón por la que venimos a un jardín: para ser coloreados que deja su huella en todo el ser. Esto lo afirmaba Ramón Pérez de Ayala al escribir sobre Santiago Rusiñol: “ al pintar el jardín se poetiza el medio y se ofrece un espacio para que el espíritu pueda deslizarse en silencio, como paseando”.
De aquí que en esta filosofía de la contemplación de un jardín, aparezca la pregunta crucial:¿quién soy?, ¿soy, quizás, lo que amo?, ¿me miran los ojos del Otro?, vestidos de hermosura, o cuando me mira, ¿soy el Otro?, podríamos recordar el Cántico Espiritual de Juan de la Cruz y aquellas estrofas escritas en la colina de los Mártires. El jardín es, además, lugar de reconstrucción interior, del interior del espíritu al exterior de nuestro hábitat. Ibn Zaydun acostumbraba colocar en el pavimento, apoyados sobre los azulejos, ramos de amapolas, mezcladas con el verde de la albahaca y el hinojo, atadas con cordones de seda. Podemos preguntarnos sobre la finalidad del jardín, ¿para qué nos sirve?, ¿soñar, olvidar la muerte, lo efímero de nuestro tiempo?O para pensar que somos mortales en la plenitud del momento efímero más bello?, vencemos la muerte con la pintura, palpamos sus flores, al respirar las olemos, nos embriagamos y, sin duda, seremos capaces de sentir la música de las hojas en la yema de los dedos.
Sabes que he dividido los temas en cada exposición, cipreses, pérgolas, acequias, aljibes, rosaledas, glicinas, setos de calas, los naranjos del Patio de Machuca o el rosal amarillo del Templo de Psiquis en la Fundación Rodríguez Acosta. Al mediodía desprenden color y olor, una sinestesia: el olor tiene color.
Las líneas subrayan la emoción que nos deja el paisaje. Respecto a la esencia vital demis jardines, el elemento básico es el agua, no un agua ruidosa, como en cascada o en el estruendo de un surtidor, yo utilizo el agua como un espejo en extensión, como un lento hundimiento en ella, la delgada lámina del agua, reflejan su ligero murmullo invita al descanso rodeados de todos los sentidos. Las doctrinas taoístas no se cansaron de afirmar la correspondencia entre las aguas del mar y los arroyos, el mar es el corazón y a él confluyen todas las aguas sin llenarlo, todas las aguas salen de él sin vaciarlo, así escribía Chuang-Tse. Este es el motivo de mi obsesión por el jardín, he aquí por qué voy al mar del jardín.
Yegen, localidad perteneciente a la Alpujarra de la Sierra granadina, goza de la característica esencial que define a los pueblos alpujarreños: una arquitectura singular en sus viviendas, perfectamente adaptadas a lo quebrado del terreno y a la climatología de la zona, que se ordenan en estrechas calles donde perdura la memoria de su pasado.
Una comarca única en el solar peninsular, escalón natural entre la costa mediterránea y Sierra Nevada. En este corazón de la Alpujarra granadina, donde se encuentra su estudio de verano, el artista Pedro Garciarias me comenta que allí nace su pintura.
Alvaro y amigos del blog, esta exposición organizada por el Espacio de Arte Santiago Collado , con motivo de la Navidad, está trazada sobre...
Haikus -Serie 2008-
En el cenit de la noche la luna eclipsada es, ¡ah, una perla rosada! - In the zenith of the night the eclipsed moon is like Ah! a rose-coloured pearl! by Pedro Garciarias
************ Que la luna explique el cante del hombre en la casa encendida - This bright moon must explain The motif of a man singing alone In an illuminated house by Pedro Garciarias
************* Al alba, en la alberca, La primera luz de hoy Se hunde - At daybreak, in the white pool, The first shaft of sunlight Sank out of sight by Pedro Garciarias
************* Se muere de belleza la sombra violeta de una glicina en flor - Dying of beauty The purple shadow Of the gycine is flowering by Pedro Garciarias
************** Florecidas las hiedras y jedreas, zumban enloquecidas mil abejas - Thousands of bees are flying around The green ivies and lavenders by Pedro Garciarias
************* El paisaje inmóvil, inquietos los últimos mirlos en la neblina otoñal. by Pedro Garciarias